3.8.06

hasta aquí

nos vamos
cada una por su lado,
porque juntas
el camino es cuesta arriba;
cuesta abajo,
cuesta menos trabajo la vida.

2.8.06

vuelvo para quedarme

hace más de dos años comencé aquí la narración de un recuerdo caracterizado por el miedo y la huida. a medio camino, me entró miedo y huí de una bitácora recién estrenada con mucha ilusión. no es casualidad, supongo, sino reflejo de mi personalidad.

pero esta huida, al contrario de la que cuento más abajo, sí puede repararse. hay posibilidad de retorno. vuelvo para quedarme.

recuerdo agridulce (parte 2)

como decíamos ayer... ;)

qué más quisiera yo que poder contaros que, comiéndome a esta señora estupenda con los ojos, me la llevé al huerto. que vivimos una pasión desenfrenada durante tres tórridos meses, cumpliendo todas nuestras fantasías pendientes y otras más inventadas sobre la marcha. que me invitó a una vida de lujo y caprichos a cambio de mimos eróticos y frescura juvenil. que me acostumbré a su mirada azul a un palmo de la mía, a su piel curtida al sol de vacaciones frecuentes, a su olor rico, rico, en los dos sentidos de la palabra. pero para contaros eso, tendría que ser yo quien no soy. y es que yo, por mucho que aspire a ser una cualquiera, lo que soy es una cobarde que desperdicia las oportunidades puestas en bandeja como si le sobraran.

qué me vio la señora es un misterio. supongo que me vio como un arquetipo, de la misma forma que yo la vi a ella. si para mí ella era belleza, clase, dinero, soledad, yo para ella sería juventud, inocencia, atractivo y descaro lésbico. así lo sentí en el momento y así sigo viéndolo, años más tarde. no hay otra explicación. su interés fue inmediato, tan inmediato como el mío, con la particularidad de que las señoras estupendas que me entran bien por los ojos suelen no percatarse de mi existencia. en cambio, ella me persiguió con la mirada desde el momento que me registró, revoloteándome alrededor con cautela felina, poniéndome la oportunidad de entrarle a huevo una y otra vez. a mí me paralizó el deseo. o quizá sólo el miedo a un éxito seguro. a tener que jugar el papel de tortillera sobrada cuando a mí sólo me sobran inseguridades.

mi primera novia solía tomarme el pelo: me animaba, medio en serio, medio en broma, a que me buscase una amante de la alta sociedad que me colmase de lujos mientras me durase la juventud a cambio de distracciones orgásmicas a espaldas de un marido negligente. una fantasía tentadora. pero cuando el destino por fin me guiñó el ojo, yo perdí control de los míos. atrapada entre las ganas de vivir un tórrido affair con una mujer, mujer, rica, rica, guapa, guapa y el pavor a una fantasía hecha realidad, me convertí en una pura mirada huidiza, imantada a la suya por medio segundo cada tres segundos de suelo de mármol exquisito. momentos de miedo pétreo y frío frente a un instante volcánico. una y otra vez, hasta el momento de salir del balneario. anticipando el momento clave, ella se deslizó, sutil, elegante, hasta la puerta, apostando por una valentía por mi parte que nunca llegó. pasé a su lado sin saber cómo atreverme, con plena consciencia de que nunca dejaría de arrepentirme por esta cobardía disfrazada de indiferencia.

en la calle, rodeada de la multitud propia de esa avenida tan transitada, en mi mente sólo había dos personas. me seguía sintiendo enlazada a ella, sabiendo que ella también seguiría atrapada en nuestra corriente de deseo. pero ahora ya era un deseo amargo, incómodo, fracasado. incluso entonces supe que se me había atragantado para siempre.

16.6.04

recuerdo agridulce (parte 1)

quizá le pase a todo el mundo, pero a mí desde luego que las estaciones tienden a marcarme la pauta de los recuerdos. ahora, por ejemplo, se me inunda la mente de imágenes e incidentes de otros junios. no es a propósito. más bien es un bombardeo que, si no se basara en mis recuerdos, lo (des)calificaría como ajeno a mí. son retazos vívidos, a veces desconcertantes, a veces tiernos y alegres, a veces incómodos o dolorosos. y a veces son todo eso a la vez, como es el caso del recuerdo que me acosa esta mañana.

hace unos años, justo por esta fecha, me sentí necesitada de mimos a pago y opté por un balneario urbano de alto copete, uno de esos oasis de tranquilidad que imparten tratamientos de belleza a ric@s y hermos@s. estando ya en la cola para pagar, me fijé en una mujer de cincuenta y tantos que remoloneaba sin decidirse a entrar en la cola. me quedé mirándola, hipnotizada, segura de conocerla de algo pero sin poder acabar de identificarla. ni siquiera me di cuenta de la intensidad de mi mirada hasta que ella me la devolvió. me sentí pillada, avergonzada de clavarle los ojos con semejante descaro. no era una señora cualquiera. guapísima, elegante, carismática, más parecía una obra de arte que una persona de carne y hueso. pero su mirada no dejaba duda de su humanidad y, a pesar de mi vergüenza, no pude apartar los ojos, sacudida por la corriente de deseo que se estaba estableciendo entre nosotras.

en sólo unos segundos, barajé varias hipótesis: quizá me he fijado en ella en alguna otra ocasión... no; será que es famosa, una actriz ya venida a menos... no; quizá la he visto en un catálogo de Banana Republic, donde siempre hay alguna señora madurita más hermosa de lo que nosotras, pobres mortales, pudimos ser a los veinte años... no. el tirón era visceral, ofreciendo la familiaridad de lo que puede llegar a ser, no lo que ya fue.


mañana más...

13.6.04

me domina la neurosis

el otro día volvía a casa en el metro después de una larga jornada de curro. a esas horas, el roce con la humanidad ya rayaba en insoportable. como tenía la mente demasiado saturada como para leer, me puse a observar al personal. aquello más que un vagón de metro parecía una colección de deshechos humanos, probablemente yo incluída.

primero miré de reojo a la señora sentada a mi izquierda. de perfil y a contraluz, el bigote rivalizaba con el de aznar. como feminista, me dije a mí misma: bueno, cada una es muy libre de lucirse al natural. como misántropa, me rebatí a mí misma: sí, pero el asquete que me da a estas alturas del día no me lo quita nadie.

desvíe la vista y la fijé en el tío de enfrente. el pobre estaba bajo asedio del acné más desalmado, incluyendo dos desafortunados quistes siameses en la puntita misma de la nariz. haciéndoles competencia desleal, estaba la madre de todas las espinillas justo debajo de las napias, en ese extraño valle que se crea en el medio del labio superior. con una mezcla de pena y asco, bajé los ojos, sólo para encontrarme con que iba de pantalón corto. como si sus deficiencias cutáneas no produjeran suficiente desasosiego, sus calcetines le amorcillaban las pantorrillas de forma alarmante. me lo imaginé llegando a su casa y quitándoselos con un alivio indescriptible, masajeando los surcos que se le habrán marcado en las piernas. comprendo que sobre los granos no tiene control alguno, pero lo de cortarse la circulación por gusto ya me parece un masoquismo injustificable.

fue en este momento en concreto que me empezó a entrar mal rollo conmigo misma. ¿por qué el cansancio me despierta este ramalazo juzgón y antipático, convirtiéndome en una gilipollas redomada? bastante tiene esta gente con volver derrotada de su día, igual que yo, sólo que con el agravante del bigote o de granos superlativos y calcetines de circunferencia insuficiente. en busca de una imagen que endulzara mi monólogo interno y me hiciera sentir buena persona otra vez, miré a la derecha y vi a un niño simpaticón, todo sonrisas y pelo revuelto. lo único que su madre le llevaba metido en el carrito de la compra, como si fuera un kilo de tomates o un filete congelado. y él tan contento, con sólo la cabeza asomando por encima de la tela escocesa con ruedas.

sentado al lado de la madre del niño-ultramarino, tan apañada ella, había un chavalete ensimismado, totalmente ajeno a estas tristes muestras del género humano. él nada, a su bola, con los ojos cerrados, el cuerpo inerte y la cabeza bamboleante, como uno de esos muñecos con un muelle en el cuello, envolviéndose en su música favorita con unos auriculares más grandes que la cara, de los que sólo se encuentran en estudios profesionales de grabación. ahí me di cuenta que lo único que puede salvarme de esta neurosis galopante es gastarme el sueldo del mes en un iPod y unos auriculares a lo phil spector.

es lo que tiene el capitalismo, que te soluciona fácilmente los problemas que te crea.

10.6.04

por enredar, más que nada

como tengo ganas de enredar con el blog, pero no de escribir, le he dado una lavada de cara al angelito. oséase, le he puesto colorines, que antes estaba muy soso. ha quedado más resultón, ¿no?

7.6.04

la gente joven ha espabilado que es una barbaridad

han cerrado un negocio en mi barrio que, más que tienda, era ya una presencia legendaria por estos lares. parece ser que van a tirar el edificio, una cocada del siglo XIX, para construir un monstruo modelno, modelno, alto y feo, una colmena lujosa para desangrar a los yupis más y mejor.

mi lado político-intelectual se indigna viendo cómo, una vez más, el maremoto inmobiliario destroza un trocito más de humanidad. pero la verdad verdadera es que mi indignación tiene más que ver con que me quiten la ensaladilla cojonuda que vendían en esta tienda. adicción pura tenía yo a esta ensaladilla.

pues nada, el último día que abrían me acerqué a comprarme un kilo de ensaladilla, para que me dure la semana entera y así retrasar el mono lo más posible. La cola era impresionante, claro, porque no soy la única adicta del barrio ni mucho menos. mientras espero el turno, me fijo en que venden camisetas con el nombre de la tienda. como soy una sentimental, decidí comprarme una, para poder contarle a mis nietos que, antes de que los pijos invadieran el barrio, aquí se ofrecía una ensaladilla como nunca probó paladar humano.

cuando llegó mi turno, me atendió una chavalina de unos 15 años, con aparato en los dientes y todo, que lucía una de estas ya míticas camisetas. Le pedí el kilo de ensaladilla y una camiseta. le grita a otro chaval el pedido de la ensaladilla y se gira con gesto displicente hacia mí y me dice: "camisetas ya no quedan". acerca la cara a la mía y añade en voz baja: "pero te vendo la mía por 50 euros".

me salió una carcajada visceral. no sé si alucinar con lo que ha espabilado la peña o admirar su espíritu empresarial.

6.6.04

vaya pereza

la verdad es que, después de mi entusiasmo inicial por haber montado este tenderete, me sobrevino una pereza incontrolable. ¿qué decir? ¿para qué? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿y si me paso de la lengua y se me nota quién soy? ¿para qué hablar y disipar dudas del poco interés que ofrezco? pero héteme aquí que miro el correo del blog (más que nada porque es hotmail y si no la reviso me la cierran) y ¡coño! de las 3 personas que visitaron esta esquinita, me escribió uno.

pues venga, que no se diga que defraudo a mis millones de fans, que no soy nada sin ellos, que vivo de su amor, que me alimentan el ego y el morbo, que me sustentan con sus fieles demostraciones de cariño y devoción... ¡Ehspaña me adora y yo, Ehspaña, sin ti no soy nada!

22.5.04

enfurruñada

hoy estoy de nones. si no fuera que a mi edad ya no procede, me tiraría al suelo y daría berridos y patadas al aire como si tuviera cinco años. una perreta en toda regla. pero como tengo dos décadas y pico más, me limito a encerrarme en mí misma, convencida de que nadie me entiende, en concreto la Rubia, que por mucho que me quiera, no me tiene pillado el punto en absoluto. Lo peor del paso de los años es lo sola que estás aún en compañía.

19.5.04

joder con el nene

anoche soñé que me encontraba con unos amigos que tenían un crío de un poco más de un año. yo, que me muero por uno propio, me acerqué a hacerle unas cucamonas. al cogerle en brazos, el niño me mira con ojos sabios, como de viejo, y me susurra con desprecio: "¿pero qué haces? si eres igual que tu madre..."
joder con el nene, menudo cabronazo.

17.5.04

el anonimato se me sube a la cabeza

si diera la cara, con nombre y apellidos, sería única, lo cual no tiene gracia ninguna. mejor ser una cualquiera, que da más morbo y afloja la lengua. igual, en cuanto suelte dicha lengua, ya no seré una cualquiera, sino Una Cualquiera, esa desvergonzada cuyas intimidades os conocéis al dedillo, pero a quien jamás podréis identificar ni en la calle ni en la tele ni en la cama, si es que ahí coincidimos en algún momento. vamos, que es como si me diera un paseo en pelotas, más chula que un ocho, porque voy tapándome la cara con las manos. espero no pegarme una hostia.

por otro lado, si no soy Pepa, ni Paula, ni Mónica, ni Encarna, ni Patricia, ¿existo? ¿o me invento de la que voy? miro la pantalla y me veo nacer, intangible pero real: unacualquiera.blogspot.com. bajo la mirada y veo cómo los dedos me van creando sobre el teclado. son dedos de verdad, carne, hueso y uña. existo, pues. la presencia digital implica una presencia física, pero ¿soy la misma persona? pues no sé. cierto es que yo, en la vida real, no soy una cualquiera, aunque siempre quise serlo. quizás escribirme como si lo fuera me permita ser quien de verdad soy.