hasta aquí
nos vamos
cada una por su lado,
porque juntas
el camino es cuesta arriba;
cuesta abajo,
cuesta menos trabajo la vida.
si diera la cara, con nombre y apellidos, sería única, lo cual no tiene gracia ninguna. mejor ser una cualquiera, que da más morbo y afloja la lengua.
nos vamos
hace más de dos años comencé aquí la narración de un recuerdo caracterizado por el miedo y la huida. a medio camino, me entró miedo y huí de una bitácora recién estrenada con mucha ilusión. no es casualidad, supongo, sino reflejo de mi personalidad.
como decíamos ayer... ;)
quizá le pase a todo el mundo, pero a mí desde luego que las estaciones tienden a marcarme la pauta de los recuerdos. ahora, por ejemplo, se me inunda la mente de imágenes e incidentes de otros junios. no es a propósito. más bien es un bombardeo que, si no se basara en mis recuerdos, lo (des)calificaría como ajeno a mí. son retazos vívidos, a veces desconcertantes, a veces tiernos y alegres, a veces incómodos o dolorosos. y a veces son todo eso a la vez, como es el caso del recuerdo que me acosa esta mañana.
el otro día volvía a casa en el metro después de una larga jornada de curro. a esas horas, el roce con la humanidad ya rayaba en insoportable. como tenía la mente demasiado saturada como para leer, me puse a observar al personal. aquello más que un vagón de metro parecía una colección de deshechos humanos, probablemente yo incluída.
como tengo ganas de enredar con el blog, pero no de escribir, le he dado una lavada de cara al angelito. oséase, le he puesto colorines, que antes estaba muy soso. ha quedado más resultón, ¿no?
han cerrado un negocio en mi barrio que, más que tienda, era ya una presencia legendaria por estos lares. parece ser que van a tirar el edificio, una cocada del siglo XIX, para construir un monstruo modelno, modelno, alto y feo, una colmena lujosa para desangrar a los yupis más y mejor.
la verdad es que, después de mi entusiasmo inicial por haber montado este tenderete, me sobrevino una pereza incontrolable. ¿qué decir? ¿para qué? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿y si me paso de la lengua y se me nota quién soy? ¿para qué hablar y disipar dudas del poco interés que ofrezco? pero héteme aquí que miro el correo del blog (más que nada porque es hotmail y si no la reviso me la cierran) y ¡coño! de las 3 personas que visitaron esta esquinita, me escribió uno.
hoy estoy de nones. si no fuera que a mi edad ya no procede, me tiraría al suelo y daría berridos y patadas al aire como si tuviera cinco años. una perreta en toda regla. pero como tengo dos décadas y pico más, me limito a encerrarme en mí misma, convencida de que nadie me entiende, en concreto la Rubia, que por mucho que me quiera, no me tiene pillado el punto en absoluto. Lo peor del paso de los años es lo sola que estás aún en compañía.
anoche soñé que me encontraba con unos amigos que tenían un crío de un poco más de un año. yo, que me muero por uno propio, me acerqué a hacerle unas cucamonas. al cogerle en brazos, el niño me mira con ojos sabios, como de viejo, y me susurra con desprecio: "¿pero qué haces? si eres igual que tu madre..."
si diera la cara, con nombre y apellidos, sería única, lo cual no tiene gracia ninguna. mejor ser una cualquiera, que da más morbo y afloja la lengua. igual, en cuanto suelte dicha lengua, ya no seré una cualquiera, sino Una Cualquiera, esa desvergonzada cuyas intimidades os conocéis al dedillo, pero a quien jamás podréis identificar ni en la calle ni en la tele ni en la cama, si es que ahí coincidimos en algún momento. vamos, que es como si me diera un paseo en pelotas, más chula que un ocho, porque voy tapándome la cara con las manos. espero no pegarme una hostia.